Cincuenta vueltas al Sol
Hoy cumplo 50 años ¿Feliz? Precisamente ahí es donde está uno de mis grandes logros. Y es que he invertido muchas de estas 438.000 horas de vida en pensar y crecer por dentro, mi gran empresa vital. Entre otras cosas he conseguido ser plenamente consciente, y he llegado a interiorizar de manera convincente, que ser feliz completamente es complicado; estar feliz lo compro, sí, pero solo se puede estar a ratos, y ya es un logro si llegamos a ser conscientes de que lo estamos siendo, mantenerlo y disfrutarlo. Estoy contento, satisfecho.
Puedo considerarme rico en los términos en los que Adela Cortina define la riqueza: la construcción de un buen carácter basado en la libertad (autonomía y no dominación), la ética y la justicia. Cortina nos viene a decir que una persona es pobre si no tiene nada que aportar, si no puede repartir sus beneficios pero, y aquí está la gran aportación, no se trata solo del beneficio económico, sino también el bienestar, la integridad y el desarrollo de ese carácter justo, por lo que una persona puede no tener dinero pero ser inmensamente rica por lo que aporta al resto de la sociedad, por el legado que es capaz de dejar como ejemplo de persona. En eso estoy, y por eso estoy contento, porque es mi mayor activo e inversión personal y me siento muy bien construyendo y viendo como acaparo por dentro y no por fuera. Hay una aforismo que me gusta mucho que dice algo así como invierte en aquello que un naufragio no te pueda arrebatar. Pues ahí estoy.
Siempre me ha llamado la atención especialmente el ámbito de la educación y el del emprendimiento. Desde hace casi dos décadas ejerzo como docente, una profesión que además de suponer un gran reto continuo me aporta muchas satisfacciones. Me gusta la educación y la vivo de forma intensiva; hay ahí una relación en la que ella me aporta y yo intento también aportarle. En cuanto al emprendimiento y la optimización también voy progresando (adecuadamente). No se puede decir que sea una persona estancada: me gusta sentir que esa gráfica de crecimiento personal tiende hacia arriba y, de momento, en términos generales, cumplo. No ha sido fácil, pero en mi mente esa línea va hacia arriba, así que… estoy contento.
A la hora de hacer balance de edad se suele recurrir al gran tópico de salud, dinero y amor. Del dinero no me puedo quejar: no soy millonario (tampoco ansío serlo), pero tengo trabajo estable y capacidad de ahorro e inversión; todo eso me da tranquilidad, así que podemos poner un gomet verde en esa casilla. De amor voy muy bien. Para mí es un aspecto muy delicado, un talón de Aquiles que, de tanto romperse y recuperarse, se ha hecho fuerte y me ha vuelto extremadamente selectivo, por lo que ahora, afectivamente, me nutro de calidad y no de cantidad.
De salud voy bien, pero de los tres es el que más preocupa (y debería preocuparnos a todos) porque es la parte que, con el paso del tiempo, es más susceptible de empeorar que de mejorar de forma natural e irremediable (al menos hasta que la ciencia empiece a poner solución a esto del desgaste). La Organización Mundial de la Salud define la salud como el bienestar físico, psicológico y social. Físico: puedo estar mejor, cuidando la hipertensión y luchando con la presbicia, pero estoy, no me puedo quejar. Psicológico: estoy más allá que acá, aprendiendo, conociéndome y superando los retos que me pone la vida. Y social: como ya he comentado anteriormente, selectivo y cauto; me cuesta abrirme, aunque me considero más extrovertido que introvertido, pero descarto rápidamente cuando intuyo toxicidad y disfruto mucho cuando encuentro personas con las que merece (y da mucho gusto) intentarlo.
Ser uno mismo cuesta mucho. Es más fácil caer bien si haces lo que hace todo el mundo y te dejas dominar. Dejarse llevar por la corriente es lo fácil; seguir las modas y estar donde te dicen que tienes que estar evita tener que dar explicaciones, pensar y tomar decisiones… pero claro, a mí me gusta pensar y tomar decisiones (lo de dar explicaciones, depende). Hace tiempo que cumplí los 50 mentales (puede que algunos más); hoy solo he avanzado en la parte cronológica, la que tiene más que ver con las vueltas que da la Tierra alrededor del Sol. Creo que a cierta edad, si has trabajado bien tu identidad y tu individualidad, tomas decisiones que, aunque no gusten a los demás, son tus decisiones y te permiten avanzar en un camino que solo puedes hacer tú y que irremediablemente haces tú solo. Por supuesto que tienes compañía, alguna más cercana, otra a cierta distancia, pero no deja de ser compañía (el que comparte el pan, si atendemos a su origen etimológico): personas que están haciendo su propio camino, que comparten momentos (el pan), pero no el camino. Es uno mismo el que da cada paso, vive cada segundo y arrastra las consecuencias de cada una de las 35.000 decisiones que tomamos de media al día, según Harvard.
You’re on your own, kid. You always have been (Taylor Swift, Midnights, 2022)
No puedo presumir de muchas cosas, tampoco soy muy de presumir, salvo cuando estoy haciendo el tonto, que es cuando aprovecho para simular y ver qué se siente cuando uno expresa orgullo de sí mismo o de sus cosas. Mis aspiraciones en la vida no van más allá de lograr paz, orden y tranquilidad. Parece sencillo, al menos en la forma, pero para conseguir eso hay que armar una buena estructura de vida personal a todos los niveles, y eso siempre está por terminar de hacer. De lo que sí puedo presumir, y me ha costado llegar aquí, es de ser yo mismo, de no dejarme influenciar por la gran fotocopiadora existencial que cada vez merma más la originalidad y produce más clones físicos y mentales, personas e ideas.
Dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor, aunque, puestos a anclar un aforismo más original, prefiero la versión pragmática de Nieves Concostrina: cualquier tiempo pasado fue anterior. Quiero hacer aquí una declaración de intenciones a partir de esa idea: voy a intentar que cualquier tiempo futuro sea mejor, porque seré más yo, y eso nunca puede ser peor si mi objetivo no es contentar a los demás, sino dejar vivir, y vivir a mi manera.
