Fortnite, una buena oportunidad para enseñar, y aprender a aprender

Es el juego del momento. Desde julio de 2017 lleva unos meses en marcha y ha logrado conectar simultáneamente a 2 millones de jugadores con solo uno de los dos modos de juego, Battle Royale, dejando en la nevera el modo Save the World, que está actualmente en beta cerrada. Es un buen videojuego y engancha, como lo hacen también otros títulos como Minecraft, GTA, FIFA o Call of Duty ¿Estamos frente a un nuevo obstáculo para el aprendizaje o es una nueva oportunidad para entender la época que estamos compartiendo con nuestros jóvenes?

Según el portal de videojuegos Vida Extra:

“En noviembre la cifra alcanzó los 20 millones de jugadores y un mes más tarde llegó a superar los 30 millones de descargas. Desde entonces la fama del título de Epic Games no ha parado de crecer a pasos agigantados hasta el punto de que la propia compañía ha comunicado que ya son más de 40 millones de jugadores los que han querido darle una oportunidad.”

Manejando estas cifras es normal pensar que nuestros hijos y alumnos sean parte de este fenómeno. Es un hecho que, cuando una persona dedica mucho tiempo a algo, es algo que le atrae y capta su atención. Los niños, desde hace ya un par de décadas, se han vuelto muy exigentes con el ocio que consumen, tienen una gran oferta y no les cuesta nada dejar algo porque a su alcance tienen plataformas de muy buena calidad con opciones de ocio para hartarse. Por tanto, si tantos de ellos han escogido este juego, es por algo.

Lo primero que tengo que confesar es que yo juego a Fortnite desde la temporada 3 (The_Doctor_1976), y me parece un buen juego, divertido y muy entretenido. Soy consumidor de videojuegos (gamer) en diversas plataformas, y he de deciros que muchas veces he pensado que si en mi época de Educación Primaria y Secundaria hubiese tenido Internet a la velocidad que tenemos, además de la oferta de videojuegos y la posibilidad de jugar online como se juega ahora, no sé si hubiese llegado al mi nivel de estudios y laboral actual. Con esto quiero decir que la labor educativa se ha complicado con respecto a unas décadas atrás requiriendo más atención por nuestra parte para ayudar a los alumnos a gestionar correctamente su tiempo.

El mecanismo de Fornite: Battle Royale es muy simple. Consiste en sobrevivir a una batalla a vida o muerte entre 100 concursantes, en una isla que va reduciendo su tamaño debido a los efectos de una tormenta que si te pilla empieza a quitarte puntos de vida. Es un juego gratuito y entrar es muy fácil, por eso hay millones de usuarios a día de hoy, además, se puede jugar en PC, consola, smartphone o tablet, por lo que probarlo es fácil debido a su alta accesibilidad.

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Avanzo que no voy a decir nada malo del videojuego, pienso que es neutro en cuanto a sus efectos, las bondades y maldades del mismo emanarán del uso que hagamos del mismo y de nuestro tiempo. Partiendo de aquí, procedo a un análisis como usuario y educador a partir de las siguientes preguntas.

¿Es un juego violento?

No, es un juego en el que hay armas, como en los Juegos Olímpicos, pero el uso de armas no tiene por qué entrañar violencia, en este caso se usa en un juego de oposición (o cooperación-oposición si se juega en equipo) para eliminar competidores en función de estrategia, gestión de recursos, puntería, etc. Los personajes no mueren, de hecho cuando somos eliminados aparece una especia de máquina en el aire que nos hace desaparecer como si hubiésemos sido un holograma o nos transporta otra vez a la base para esperar a otro autobús volador que nos lance en paracaídas a otra partida. Es un juego de estrategia y mucha habilidad, y eso es una de las claves de que guste tanto. Si fuese violento, no gustaría, nuestros niños no son tan malos y las compañías saben que no triunfan en masa por esa vía.

El balón prisionero (dodgeball), o el mate como lo conocemos también en España, es al fin y al cabo lo mismo, pero en vez de armas lanzamos pelotas que eliminan igualmente.

¿Es un juego adictivo?

Sí, si estás al nivel de una ratita de laboratorio y no haces nada por evitarlo.

A mediados del siglo pasado, B. F. Skinner (1904-1990), un psicólogo estadounidense conductista, realizó un experimento para explicar el condicionamiento operante en el que una paloma encerrada en una caja, la Caja de Skinner, no dejaba dar a un botón para recibir una comida que salía o no de forma aleatoria.

Los jugadores de Fortnite: Battle Royale son soltados en paracaídas a la isla con un solo pico, prácticamente inofensivo, por lo que el primer objetivo al caer es conseguir armas y mucha munición saqueando localizaciones de la isla. Estas localizaciones funcionan como esa caja de Skinner, a veces hay buenos suministros y otras no, y eso engancha, lo sabemos. Pero eso no es todo, puedes aprovisionarte de armas, munición y materiales de construcción a tope, y ser eliminado en un segundo, pero empezar de nuevo en menos de 30, y eso engancha también, es el típico “venga, me juego una más, que seguro que sale mejor” o “me juego otra más, soy un máquina, estoy en racha”.

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¿Las compras internas del juego son importantes?

No, el juego está completo en su versión gratuita, lo único que te ofrecen las compras internas son cambios de aspecto, distintas celebraciones, etc. Todo eso se puede conseguir también echando horas o ganando puntos de experiencia, por lo que solo lo compran los que tienen mucha prisa por lucir esos aspectos. De todas formas, un buen juego de ordenador o consola puede costar entre 60,00 € y 90,00, y estamos haciendo uso de un producto en el que ha trabajado mucha gente. Además, son necesarios servidores para dar servicio a millones de usuarios simultáneos sin apenas fallos… algo se puede pagar sin sentirse culpable (estafado) ¿no?. Lo que queda claro es que no se trata de un “pay to win” (pago para tener más ventaja y ganar) como pasa en algunos juegos de smpatphone o tablet.

¿Es un juego educativo?

Sí y no. Sí lo es, porque se aprende a jugar en equipo, estrategia, gestión de recursos, precisión, toma de decisiones, control de contingencias, logro por objetivos, aprender a aprender, resolución de conflictos, etc. Y no, si dejamos al niño solo con todo ese aprendizaje. Si queremos traerlo al lado educativo, en casa por supuesto (en la escuela, desgraciadamente, no hay hueco para este tipo de actividades) debemos guiar ese aprendizaje por medio del diálogo y la observación de los puntos en los que el niño puede recoger esas enseñanzas. Para ello, es necesario que el adulto sepa trabajar en equipo, tomar decisiones, gestionar recursos… no a nivel experto, pero sí demostrando interés y dedicándole tiempo. Nadie dijo que educar fuese fácil.

¿Y los deberes?

Yo he dedicado prácticamente mi vida al deporte. Me acuerdo que en 4º de la ESO (entonces era 2º de Bachillerato) decidí dejar el voleibol para centrarme en las Matemáticas, porque no las aprobaba y dedicaba mucho tiempo a ese deporte. Suspendí Matemáticas y bajé en algunas asignaturas más, y la razón era porque tenía mucho tiempo y no me organizaba tan bien como con el voleibol. Si tenía entrenamiento a las 18:00, hacía los deberes nada más comer, porque después del entrenamiento estaba cansado. Me organizaba con el entrenamiento y encajaba mis tareas en el horario. Yo he recibido una educación en la que terminar la tarea era lo primero, y es una de las cosas que más satisfacción me da hoy en día, luego está el ocio.

Esto es exactamente lo mismo, el niño no sabe poner límites, ahí tenemos que estar nosotros, y enseñarle a diferenciar entre los logros en los videojuegos y los logros en el colegio (y en la vida). Es una gran oportunidad. Al ser un juego que ocupa tanto tiempo, fuerza inevitablemente a la organización del tiempo para cumplir las tareas y poder jugar con todos los deberes hechos. Luego, incluso, podría llegar a descubrir por sí mismo que terminar los deberes y llevarlos hechos todos los días al colegio conlleva logros más duraderos y sólidos que los que supone subir de nivel o ser un experto en Fortnite… quién sabe.

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Recomendaciones finales

Después de todo lo expuesto anteriormente, mis recomendaciones son las siguientes.

No prohibirlo, no tiene sentido. No es un juego malo, en el sentido de maldad, es una oportunidad para enseñar a los niños a aprender desde una simulación muy bien conseguida.

Yo lo probaría, o creando una cuenta desde cero o pidiéndole a nuestro hijo que nos deje una partida. Es la mejor forma de seguir con buen pie los consejos que vienen a continuación, sabiendo de qué hablamos con el niño.

Es importante estar cerca (no literalmente, que lo agobiamos) cuando juega. Preguntándole por sus logros, si ha eliminado a muchos, si ha quedado entre los últimos supervivientes, en qué nivel está, que nos cuente alguna anécdota (las hay muy divertidas), que nos enseñe las celebraciones que ha conseguido (son muy divertidas)… También podemos ofrecerle consejos e ir a Youtube o páginas web a ver tutoriales o partidas grabadas de expertos que enseñan los trucos para sobrevivir y no caer a la primera.

No estaría mal aprovechar este juego para educarlos emocionalmente, controlando la ira al ser eliminados; enseñándoles resiliencia levantándose después de ser derrotados para pensar en los posibles fallos cometidos, mejorarlos y salir más fuerte en la siguiente partida; aprender los mecanismos por los cuales, psicológicamente, nos enganchamos a ciertas cosas (condicionamientos); disfrutar de las victorias; ser un buen perdedor y un buen ganador; apoyar a los compañeros que son menos hábiles intentando enseñarles trucos y tomarse con humor los errores.

También es una oportunidad para mostrarles diferentes usos de herramientas tecnológicas. En mi familia, por ejemplo, usamos las llamadas gratuitas simultáneas por Skype para coordinarnos en el modo “Escuadrón” o “Dúo”… una forma más de practicar este tipo de comunicación y usar la tecnología para algo útil. De esa manera mantenemos el contacto y luego comentamos en vivo “batallitas” en las reuniones familiares.

Claro que puede ser perjudicial, como todo. Pero de eso tienen que darse cuenta los niños, de lo que es bueno para ellos y de lo que no. La clave está en acompañarles en sus victorias y sus derrotas, reír con ellos, divertirnos, compartir… si nos preocupamos por sus cosas, le daremos la importancia que tienen y harán un buen uso de las mismas. Si para nosotros es importante su juego, ellos aceptarán las cosas que son importantes para nosotros, y eso tiene mucho mérito por su parte, porque nosotros hemos sido niños, pero ellos no saben lo que es ser adulto.

 

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