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Una oportunidad sin precedentes, tenemos tiempo para pensar

¿Os habéis parado a pensar lo importante que es pensar y cómo se debe pensar de forma adecuada?

Vivimos una situación de excepción que nos brinda la posibilidad, y en algunos casos la imperiosa necesidad de pensar. Ahora que hemos sustituido las rutinas que nos invadían habitualmente en nuestra cotidianidad vamos a someternos a un largo y minucioso interrogatorio en este confinamiento que debemos gestionar de la mejor manera si no queremos que tanto interrogador como interrogado terminen mal… e irremediablemente en ambos casos es la misma persona.

La idea de esta entrada surge, por una parte, de mi afición a la filosofía y la psicología que he intensificado en este último año y que, dicho sea de paso, estoy disfrutando y aprovechando enormemente. Por otra parte, el detonante que me hizo escribir esta entrada y dejar otros escritos que tengo en lista fue una conversación que escuché en la radio entre Ángels Barceló y la profesora Carrasco Conde, filósofa de la Complutense de Madrid (Hoy por Hoy “19/03/2020 – Tramo de 11:00 a 12:00”) que, como no podía ser de otra manera al tratarse de una brillante filósofa, removió y ordenó algunas ideas que tenía en mente estos días.

Habitualmente, encontramos numerosas excusas para huir de ciertos pensamientos clave en nuestra vida, ideas que replantean el lugar en el que estamos, con quién estamos y en qué estamos gastando nuestro valioso tiempo. Ahora estamos encerrados en nuestra realidad y no vamos a salir de esta sin llegar, seguramente, a algunas conclusiones que tarde o temprano cambiarán nuestras vidas.

Se nos plantea entonces el problema de cómo pensar correctamente, y no me refiero a pensar bien de la gente, ser optimista o positivo, me refiero a manejar eficazmente ese diálogo interior con nosotros mismos, a hablarnos francamente y no caer en el autoengaño o, en el peor de los casos, en la autodestrucción psicológica y social. A continuación vamos a revisar los puntos clave del pensamiento tomando prestadas algunas de las ideas de Carrasco Conde.

El punto de partida de nuestro pensamiento debe ser el contexto que estamos viviendo en cada momento, el pensamiento desde cero hay que descartarlo y por tanto hay que observar siempre las circunstancias que rodean al momento en el que estamos pensando. Este es el comienzo correcto, el aquí y el ahora.

Una vez bien situados, hay que evitar dar vueltas todo el rato al mismo asunto, debemos dar prioridad a la salida de nuestros pensamientos, como digo yo habitualmente “hay que dar un golpe sobre la mesa” y expulsar esas ideas de nuestra cabeza adoptando distintas perspectivas, elevándonos respecto a la situación en la que estamos, alejándonos, a pesar de estar inmersos en ella.

Para dar salida a nuestros pensamientos es imprescindible hallar certezas, aquel conocimiento que no alberga duda alguna y del que confiamos plenamente en su validez, por tanto, hay que desechar las suposiciones, las conjeturas, las interpretaciones llanas… Hallar certezas no es algo fácil y supone someter a un exhaustivo escrutinio a cada una de las candidatas a ser o no ser certeza. En este punto hay que asumir que muchas certezas pensamos que lo son, y no lo son, todo hay que someterlo a la duda, y hay que estar abiertos a aceptar algunas cosas que dábamos por ciertas como inciertas, si nos engañamos, no vamos ningún lado, seguiremos dando vueltas, nos hundiremos en el fango y terminaremos mal, creedme, al final se termina mal, o tonto perdido, que viene a ser lo mismo o peor. Para localizar certezas debemos partir de lo más cercano a nosotros, hay que comenzar por nuestro contexto próximo, nuestra casa, nuestra familia, nuestro trabajo, nuestros anhelos… y a partir de ahí podemos llegar a certezas más lejanas, pero ya si logramos conseguir certezas cercanas, descartando correctamente las que no lo son, podemos sentirnos satisfechos, y seguramente estamos dando un gran paso en nuestro crecimiento personal y nuestra paz interior.

¿Cómo podemos localizar esas certezas? La profesora Carrasco nos marca el camino afirmando que “Antes de pensar, hay que pensar cuales son las certezas, así es que hay que empezar a pensar dejando de pensar, es decir, no pensando“. Esto, que parece algo complicado, es simplemente detenernos, observar, contemplar… lo cual, como se puede intuir, lleva tiempo. Este mecanismo no otro que la reflexión, algo de lo que prescindimos con demasiada frecuencia. Pensar, pensamos todos, todos nos hablamos constantemente, unos con más y mejor vocabulario, otros con menos… pero reflexionar, detenidamente, haciendo un verdadero ejercicio de contemplación, pocos, muy pocos lo hacemos.

Saber si estamos reflexionando o no es muy fácil. Cuando somos conscientes de lo que estamos pensando, y de que lo que estamos pensando es nuestro, que no lo hemos cogido prestado de las redes sociales, de frases hechas o de lo que nos ha dicho nuestro amigo, vecino, compañero de trabajo o cuñado de turno, cuando somos conscientes de lo que estamos pensando y cómo nos afecta, es cuando podemos empezar a pensar bien, y de ahí podemos pasar a reflexionar. Si pensamos por los demás, a través de los demás, no hay cabida para la reflexión. Misión imposible.

Es importante tener en cuenta los límites en nuestro pensamiento, evitar caer en los extremos, no pensar en el mejor o en el peor de los casos, y esto lo lograremos situándonos correctamente en el contexto exacto. En este sentido, debemos centrarnos en el presente, pensar en el futuro es jugar a ser adivinos, y las predicciones, a nivel interno, no nos sirven a no ser que uno tenga todos sus asuntos arreglados y quiera entretenerse… pocos habrá en esa situación. No hace falta decir que remover el pasado es menos útil aún, al menos las predicciones nos pueden entretener esperando que se confirmen o no, el pasado ya no nos puede aportar nada.

Hay que saber estar, que estamos es una de las certezas básicas del ser humano, y ese saber estar significa detenerse, activamente, sustituyendo reacciones impulsivas por respuestas consensuadas con nosotros mismos, las reacciones como salir a aplaudir o cantar a los balcones, escribir cartas a los hospitales, ir a comprar como locos a los supermercados, incluso quedarse en casa… que no cabe duda que pueden ser acciones válidas y algunas vitalmente necesarias en estos momentos, están guiadas por impulsos, alejadas de la reflexión. Hay una gran diferencia entre reaccionar y responder, las respuestas surgen de escucharnos a nosotros mismos, de asumir pensamientos propios, de responsabilizarnos de nuestros actos y de los de los demás, porque sí, somos tan responsables de lo que hacemos como de lo que dejamos hacer al resto puesto que, y aquí viene otra certeza básica, todos formamos una red social conectada, como especie, creo que estos días se ve claramente hasta qué punto.

Las emociones (alegría, miedo, ira, tristeza…) distorsionan el pensamiento, forman parte muchas veces de ese contexto inicial, de esa situación en la que estamos inmersos y de la que debemos alejarnos, suponen un ruido que no nos deja pensar claramente. Los sentidos, sin embargo, nos ayudan a pensar, y es que la contemplación no es otra cosa que sentir, atenta y detenidamente. Debemos ser sensibles y receptivos al mundo, empáticos. Hay que pararse a sentir, con la intensidad justa, pero con el tiempo suficiente y necesario.

Por último, compartiendo la reflexión de la profesora Carrasco, el diálogo es un punto esencial para que cualquier pensamiento llegue a buen fin. La reflexión personal debe ser compartida en una buena conversación, con un buen vino puede ser una experiencia mística, para luego volver a la reflexión. Un buen conversador es clave llegados a este punto, por eso siempre llega un momento en nuestra vida en el que buscamos personas con las que se puede hablar largo y tendido, relajadamente, sin esperar ser juzgados y sin miedo a ser manipulados a base de mentiras o contaminados con falsas verdades.

Todos sabemos que convivimos en la sociedad de la información, pero también en la de la desinformación, víctimas de una infoxicación que nos contamina a diario con ideas, afirmaciones, conjeturas e interpretaciones sin fundamento que debemos saber tratar a partir de una actitud crítica calmada, pero activa, dinámica. El consumo pasivo de los medios en estos días puede ser altamente perjudicial para nuestra salud mental y la de las personas que nos rodean. El remedio no es otro que poner en marcha un mecanismo eficaz de pensamiento a nivel individual y social.

Es vital, vital de verdad, buscar momentos a solas para dialogar con nosotros mismos, y también buscar momentos para compartir nuestros pensamientos y los resultados de nuestras reflexiones. Así, señores, es como se construye la humanidad, a parir del crecimiento de cada uno de nosotros en base a un ejercicio sano de pensamiento, de localización de certezas, de reflexión, diálogo y vuelta a reflexionar.

Si algo hay que sacar bueno en estos momentos, es la oportunidad.

 

 

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